Recordando al capitán

Aprovecho el próximo estreno de la nueva película de Harlock, para dejarles este texto de Hugo Steinhauser que conocí hace ya varios años:

El Capitán Harlock regresa a la Tierra para saludar a Mayu en el día de su cumpleaños. Ella es la pequeña hija de su mejor amigo, fallecido años atrás. Sabe que las autoridades lo encarcelarán, porque él es un proscrito. Pero no le importa. Juró que nunca faltaría. Y como era previsible, es arrestado. El gobierno lo condena a la pena de muerte, armando una especie de circo romano que dará un truculento espectáculo de fusilamiento a los ciudadanos. Los soldados apuntan y disparan. Así comienza el primer capítulo de la serie más apasionante de la historia del animé japonés: “El Capitán Harlock” (conocido en argentina como Capitán Raimar) (Captain Herlock, 1978).

Tadashi conversa con su padre (un importante astrónomo) sobre la conducta corrupta de los gobernantes y la falta de iniciativa de la gente. Acaba de comprender que existe una invasión extraterrestre. Pero nadie, incluyendo el presidente (que juega siempre al golf), cree en ella. Su padre se deprime y lanza una frase contundente: “Quizás, sería mejor que esos malditos acaben con la humanidad”.

harlockDías después, luego de un terrible episodio, Tadashi camina por la ciudad y observa a la gente correr de espanto ante el sonido de las alarmas: “Son unos miserables”, piensa. Un científico le dirá: “La humanidad está al borde del abismo, pero aunque le alertemos del peligro, igual dará un paso y caerá”. Ya en la prisión, acusado de ser cómplice del Capitán Harlock, recuerda como su madre murió en una estación orbital, mientras las autoridades hacían oídos sordos al pedido de auxilio, porque estaban en el horario de descanso. Informaron que ella fue la responsable de la tragedia. Tadashi no soporta tanta decadencia, escapa y cuando encuentra la bandera del Mundo Unido, le dispara: “Esa no es mi bandera”. Inmediatamente, llama al Capitán Harlock y jura defender la bandera pirata de la libertad. “¿Por que lucha usted?”, le pregunta. “No lo hago por nadie ni por nada. Solo por lo que llevo en el corazón”, es la lacónica respuesta. “¿Tienes a alguien que quieras en la Tierra?”, interroga el proscrito. “No”, responde con severidad el joven. “Entonces, pelearás con nosotros en la Arcadia. Solo así serás un hombre de verdad. Ya lo sabes, si algo no te agrada de la tripulación, te puedes retirar porque eres libre”. Tadashi no tarda en desilusionarse. Los hombres del Capitán son borrachos y ladrones. Cada uno piensa lo que quiere y se la pasan construyendo modelos a escala de aviones para armar. “Estoy dispuesta a entregar mi vida por Harlock”, le dice una enigmática mujer mientras toma un trago, ya que viene de un planeta cuyo principal alimento es el alcohol. Hasta que llega el turno de combatir y todos ocupan sus puestos, sin que nadie se los exija. Y vaya si lucharán. “Te amo, quiero estar para siempre junto a ti”, le murmura una joven a su novio. Los piratas le disparan y la chica arde como el papel. Era una invasora, una Amazona. Una modelo desfila en la pasarela. Hay una gran cantidad de público. Los piratas, encapuchados, entran y la matan. Nadie entiende lo que ocurre y piensan que son terroristas cometiendo salvajes atentados. Salen los tanques a la calle y los acorralan en una escuela. Los cañones atacan, sin pensar en los niños que hay en el interior. Pero los rebeldes vuelven a escapar. Es que están dispuestos a detener la invasión extraterrestre aunque nadie crea en ellos. Porque juraron defender a la Tierra, aunque deban derramar su sangre en el intento.

Este serial magnífico, extraído del manga de Leiji Matsumoto (actual hacedor de los videos animados de Daft Punk) y dirigido por Rin Taro (Metrópolis, sobre historia de O. Tezuca y guión de K. Otomo) se pudo ver por la pantalla de ATC a finales de la década del setenta, en plena dictadura militar. Como era obvio, las cintas fueron “desaparecidas” en un incendio y los pocos episodios que sobrevivieron se repusieron en canal trece durante 1983. El montaje es experimental, casi lisérgico (memorable la muerte del Profesor Daiba) y la banda sonora es sombría y romántica. La película que le siguió (Mi juventud en Arcadia) es una obra maestra, con niveles insospechados de heroísmo y de tragedia y una animación superior a la del animé, también dirigida por Rin Taro. Fue proyectada hace unos años en Requiem, entre vasos de vino y darkis sorprendidos. Luego se hicieron un par de series de menor calidad. Harlock Saga (2001) está inspirada en El anillo de los Nibelungos, la tetralogía de Wagner. Pero es fría y lánguida, sin la ferocidad de la original. Pero Rin Taro volvió a tomar el mando de la Arcadia y dirigió la excepcional The Endless Odyssey, un serial de trece episodios de una magnífica calidad, que se inspira en la serie original Sumamente recomendable.¡Viva la bandera pirata!

Hugo Steinhauser (Piloto Kamikaze)
[notification type=”alert-info” close=”false” ]Este artículo fue publicado originalmente el 17/07/2013 en pensandoennada.com.ar[/notification]

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